Parque Nacional Natural Tayrona and the Indigenous Kogui People


Parque Nacional Natural Tayrona y el Pueblo Indígena Kogui

 About the Author: Lieke Nieuwenhuizen is a documentary photographer, sociologist, and storyteller. Her experiences of independence, emancipation, and feminism have deeply shaped her identity and the way she sees the world. With a background in Human Resources, Diversity & Inclusion, she is passionate about understanding people and the structures that shape societies. She loves to view the world through an anthropological lens, exploring the complexities of human behavior, culture, and connection. Driven by curiosity and a love for exploring the world, she seeks to amplify diverse voices and foster deeper connections across cultures. 


Parque Nacional Natural Tayrona, on Colombia’s Caribbean coast, is often portrayed as a paradise of pristine beaches and rich biodiversity. Yet, beyond its picturesque landscapes, it is also home to the Kogui people—direct descendants of the ancient Tayrona civilization—who have preserved their ancestral traditions despite centuries of colonization and modernization. 

Sobre la autora: Lieke Nieuwenhuizen es una fotógrafa documental, socióloga y narradora. Sus experiencias de independencia, emancipación y feminismo han moldeado profundamente su identidad y la forma en que ve el mundo. Con una formación en Recursos Humanos, Diversidad e Inclusión, siente una gran pasión por comprender a las personas y las estructuras que configuran las sociedades. Impulsada por la curiosidad y el amor por explorar el mundo, busca amplificar voces diversas y fomentar conexiones más profundas entre culturas.

El Parque Nacional Natural Tayrona, en la costa caribeña de Colombia, suele representarse como un paraíso de playas vírgenes y una biodiversidad exuberante. Sin embargo, más allá de sus paisajes pintorescos, también es el hogar del pueblo Kogui, descendientes directos de la antigua civilización Tayrona, quienes han preservado sus tradiciones ancestrales a pesar de siglos de colonización y modernización.

Sustainable travel?

Visiting Tayrona as a tourist, I became acutely aware of the complex intersection between conservation, tourism, and indigenous rights. The Kogui are often romanticized as “guardians of the Earth,” yet in reality, they navigate a delicate balance between cultural preservation and economic survival. Some communities have begun engaging in tourism through guided hikes, ceremonies, and homestays, offering a means of income but also risking the commodification of their traditions for Western visitors seeking an “authentic” experience.

More concerning is their limited control over the tourism industry in Tayrona. While they advocate for environmental protection—periodically closing the park to allow nature to regenerate—non-indigenous businesses profit from the steady influx of visitors. Many Kogui leaders express frustration over their exclusion from park policy decisions, raising an important question: Does our presence truly support the Kogui, or are we simply consuming a curated version of their culture under the guise of sustainable travel? 

¿Turismo sostenible?

Al visitar Tayrona como turista, me di cuenta de la compleja intersección entre conservación, turismo y derechos indígenas. Los Kogui suelen ser romantizados como “guardianes de la Tierra”, pero en realidad, navegan un delicado equilibrio entre la preservación cultural y la supervivencia económica. Algunas comunidades han comenzado a involucrarse en el turismo a través de caminatas guiadas, ceremonias y estancias en sus hogares, lo que les proporciona una fuente de ingresos, pero también supone el riesgo de convertir sus tradiciones en una mercancía para los visitantes occidentales que buscan una experiencia “auténtica”.

Más preocupante aún es su limitado control sobre la industria turística en Tayrona. Aunque abogan por la protección del medio ambiente—cerrando periódicamente el parque para permitir que la naturaleza se regenere—son las empresas no indígenas las que se benefician económicamente del constante flujo de visitantes. Muchos líderes Kogui expresan su frustración por ser excluidos de las decisiones sobre la gestión del parque, lo que plantea una pregunta fundamental: ¿Nuestra presencia realmente apoya a los Kogui o simplemente consumimos una versión cuidadosamente presentada de su cultura bajo la apariencia de turismo sostenible?

Cultural Exchange

During my visit, I had the rare opportunity to meet a Kogui family near the park entrance. The household consisted of the Mamo (spiritual leader) Sikhupintu, his wife, his brother, and two other relatives. The Mamo was unwell, and we—Carlos from Diskoncept, musician Pernett, a French anthropologist, and myself—visited him, bringing food and sharing stories.

Communication was a mix of Spanish and unspoken understanding, as the Kogui do not center their interactions around dialogue. Their way of being is intuitive, deeply connected to nature and spiritual practice. A profound moment came when they showed us a sacred site—a massive stone marking the entrance to holy ground. Standing before it, I sensed its spiritual weight, a reminder that the Kogui’s bond with this land is far deeper than any conservation policy or tourism strategy.

Despite their spiritual and ecological wisdom, the material conditions of the Kogui remain basic. The family had minimal resources, raising the question: What kind of support is beneficial without becoming cultural interference? The Kogui reject many aspects of modernity by choice, complicating the idea of “help.” Should assistance come in the form of resources, or through deeper respect for their autonomy?

An ongoing initiative by Diskoncept and Colombia Regenerativa seeks to create a space for genuine cultural exchange. Visitors could engage with the Kogui in ways that align with their values—such as growing and selling coffee, producing traditional canella, or participating in spiritual and agricultural practices. However, this must be done with extreme care to avoid commodification, ensuring that their wisdom is shared on their terms rather than shaped to meet tourist expectations.

Regenerative tourism offers a promising path—one that supports the Kogui’s way of life rather than disrupting it. Yet even well-intentioned projects can reshape indigenous realities in unintended ways. The key is patience, humility, and a commitment to prioritizing the Kogui’s needs over travelers’ desires for an “authentic” experience.

Intercambio Cultural

Durante mi visita, tuve la rara oportunidad de conocer a una familia Kogui cerca de la entrada del parque. El hogar estaba compuesto por el Mamo (líder espiritual) Sikhupintu, su esposa, su hermano y dos parientes más. El Mamo no se encontraba bien, y nosotros—Carlos de Diskoncept, el músico Pernett, un antropólogo francés y yo—lo visitamos, llevando comida y compartiendo historias.

La comunicación fue una mezcla de español y comprensión tácita, ya que los Kogui no centran sus interacciones en el diálogo. Su forma de ser es intuitiva, profundamente conectada con la naturaleza y la práctica espiritual. Un momento profundo ocurrió cuando nos mostraron un sitio sagrado—una enorme piedra que marcaba la entrada a un terreno santo. Al estar frente a ella, sentí su peso espiritual, un recordatorio de que el vínculo de los Kogui con esta tierra es mucho más profundo que cualquier política de conservación o estrategia turística.

A pesar de su sabiduría espiritual y ecológica, las condiciones materiales de los Kogui siguen siendo básicas. La familia tenía recursos mínimos, lo que plantea la pregunta: ¿Qué tipo de apoyo es realmente beneficioso sin convertirse en una interferencia cultural? Los Kogui rechazan muchos aspectos de la modernidad por elección, lo que complica la idea de “ayuda.” ¿Debería la asistencia venir en forma de recursos o mediante un respeto más profundo por su autonomía?

Una iniciativa en curso de Diskoncept y Colombia Regenerativa busca crear un espacio para un intercambio cultural genuino. Los visitantes podrían interactuar con los Kogui de maneras que se alineen con sus valores—como cultivar y vender café, producir canella tradicional o participar en prácticas espirituales y agrícolas. Sin embargo, esto debe hacerse con extrema precaución para evitar la mercantilización, asegurando que su sabiduría se comparta en sus propios términos y no se moldee para satisfacer las expectativas turísticas.

El turismo regenerativo ofrece un camino prometedor—uno que apoya el modo de vida de los Kogui en lugar de interrumpirlo. Sin embargo, incluso los proyectos bien intencionados pueden reformular las realidades indígenas de maneras no deseadas. La clave está en la paciencia, la humildad y el compromiso de priorizar las necesidades de los Kogui por encima de los deseos de los viajeros de tener una experiencia "auténtica."

The Poporo: A Sacred Instrument of Knowledge

Among the Kogui, the poporo is more than an object; it is a sacred companion, a symbol of wisdom, and a lifelong testament to personal growth. Carried exclusively by men, the poporo consists of a small, round gourd filled with crushed seashells, used in conjunction with coca leaves. As they chew the leaves, Kogui men dip a wooden stick into the poporo, applying the fine white powder to their lips, enhancing the effects of the coca.

Yet, the true significance of the poporo lies in its ritual use. Over time, as men rub the stick along its neck, a hardened layer of calcium residue forms—a physical record of accumulated wisdom and reflection. Unlike Western societies, where knowledge is preserved in books or digital archives, the Kogui document their intellectual and spiritual journeys through this evolving artifact. The poporo embodies a different way of knowing—one built on contemplation, silence, and harmony with nature.

Observing the poporo in use was a powerful reminder of how much wisdom exists beyond words. In a fast-paced world dominated by instant communication, the Kogui’s philosophy of slow, deliberate reflection stands in stark contrast, offering a perspective on knowledge shaped through a lifetime of quiet introspection.

El Poporo: Un Instrumento Sagrado de Sabiduría

Entre los Kogui, el poporo es más que un objeto; es un compañero sagrado, un símbolo de sabiduría y un testimonio de crecimiento personal a lo largo de la vida. Transportado exclusivamente por los hombres, el poporo consiste en una pequeña calabaza redonda llena de conchas marinas trituradas, que se utiliza en conjunto con las hojas de coca. Mientras mastican las hojas, los hombres Kogui sumergen un palo de madera en el poporo, aplicando el fino polvo blanco en sus labios, lo que potencia los efectos de la coca.

Sin embargo, el verdadero significado del poporo radica en su uso ritual. Con el tiempo, a medida que los hombres frotan el palo a lo largo de su cuello, se forma una capa endurecida de residuo de calcio, un registro físico de la sabiduría y la reflexión acumuladas. A diferencia de las sociedades occidentales, donde el conocimiento se preserva en libros o archivos digitales, los Kogui documentan sus viajes intelectuales y espirituales a través de este artefacto en evolución. El poporo encarna una forma diferente de saber: una construida sobre la contemplación, el silencio y la armonía con la naturaleza.

Observar el uso del poporo fue un recordatorio poderoso de cuánta sabiduría existe más allá de las palabras. En un mundo acelerado dominado por la comunicación instantánea, la filosofía de los Kogui de reflexión lenta y deliberada se presenta en un marcado contraste, ofreciendo una perspectiva del conocimiento moldeada a través de una vida de introspección silenciosa.

A Cultural Encounter: Navigating Tradition and Feminism Among the Kogui

Spending time with the Kogui people was both a beautiful and enriching experience. While I have some knowledge of different cultures, the Kogui way of life was new to me. I deeply appreciated being in their presence, absorbing their wisdom, and witnessing their connection to nature and tradition. However, this cultural immersion also presented moments of internal conflict—particularly as a Western woman encountering gender norms that differ significantly from my own.

One moment that stood out was when we gathered in their communal home. As the men engaged in dialogue, the women sat slightly apart, observing the conversation. This distinction became more noticeable when the coca leaves were shared among the men. Out of curiosity, I instinctively raised my hands to receive some, but it was gently indicated that this was not customary. Carlos from Diskconcept, who is very attuned to cultural traditions, respectfully asked the mamu (spiritual leader) if I could partake. The response was clear yet kind: in their tradition, women gather and carry the coca leaves for the men, but they do not consume them themselves. 

Un Encuentro Cultural: Navegando la Tradición y el Feminismo entre los Kogui

Pasar tiempo con el pueblo Kogui fue una experiencia tanto hermosa como enriquecedora. Aunque tengo algo de conocimiento sobre diferentes culturas, la forma de vida Kogui era nueva para mí. Aprecié profundamente estar en su presencia, absorbiendo su sabiduría y siendo testigo de su conexión con la naturaleza y la tradición. Sin embargo, esta inmersión cultural también presentó momentos de conflicto interno, particularmente como mujer occidental al enfrentar normas de género que difieren significativamente de las mías.

Un momento que me llamó la atención fue cuando nos reunimos en su casa comunal. Mientras los hombres participaban en el diálogo, las mujeres se sentaron un poco aparte, observando la conversación. Esta diferencia se hizo aún más evidente cuando las hojas de coca fueron compartidas entre los hombres. Por curiosidad, instintivamente extendí las manos para recibir algunas, pero me indicaron amablemente que no era la costumbre. Carlos de Diskconcept, quien está muy familiarizado con las tradiciones culturales, preguntó respetuosamente al mamu (líder espiritual) si podía participar. La respuesta fue clara pero cordial: en su tradición, las mujeres recolectan y llevan las hojas de coca para los hombres, pero no las consumen ellas mismas.

In that moment, I faced an internal struggle. Should I accept this tradition without question, challenge it, or engage in a dialogue about it? Ultimately, I chose to respect their customs. Yet, as I did so, a memory surfaced—one that had sparked significant debate in the Netherlands years ago (2018). When Dutch politician Sigrid Kaag met the Iranian President in 2018, she had to wear a headscarf, a moment that led to national discussions in The Netherlands about cultural norms and gender roles.

This experience also brought back memories of my travels in Iran, where I complied with the mandatory dress code and wore a headscarf. The discomfort I felt then, as now, was not solely personal. It stemmed from the knowledge that many Iranian women actively resist the imposition of the headscarf, fighting for their freedom. As a feminist from the West, I questioned my acceptance of these rules. Was I betraying my principles by complying, or was I simply respecting a different cultural framework.

En ese momento, enfrenté una lucha interna. ¿Debía aceptar esta tradición sin cuestionarla, desafiarla o entablar un diálogo sobre ella? Al final, elegí respetar sus costumbres. Sin embargo, mientras lo hacía, surgió un recuerdo: uno que había generado un debate significativo en los Países Bajos años atrás (2018). Cuando la política neerlandesa Sigrid Kaag se reunió con el presidente iraní en 2018, tuvo que usar un pañuelo, un momento que desató discusiones nacionales en los Países Bajos sobre las normas culturales y los roles de género.

Esta experiencia también trajo recuerdos de mis viajes a Irán, donde cumplí con el código de vestimenta obligatorio y usé un pañuelo. El malestar que sentí entonces, al igual que ahora, no fue solo personal. Provenía del conocimiento de que muchas mujeres iraníes resisten activamente la imposición del pañuelo, luchando por su libertad. Como feminista del Occidente, cuestioné mi aceptación pasiva de estas normas. ¿Estaba traicionando mis principios al cumplirlas, o simplemente estaba respetando un marco cultural diferente?

 The question remains: what should we accept, and what should we challenge? If we never question traditions, societal change remains stagnant. Yet, approaching such issues solely from a Western feminist perspective risks imposing our values on cultures that have long resisted external influence. The Kogui, for example, have spent decades shielding their way of life from external pressures.

This reflection is deeply connected to a broader history of cultural dominance and colonial influence—a history that has shaped Latin America and much of the world. As someone from The Netherlands, a country with its own colonial past, I cannot separate myself from this legacy. The consequences of colonial rule are not abstract; they persist in economic inequalities, land struggles, and the marginalization of Indigenous voices. Recognizing this history means questioning our own roles within it, while also respecting the autonomy of cultures that have fought to preserve their way of life.

Navigating this balance is an ongoing process—one that requires sensitivity, respect, and self-reflection. Understanding cultural differences does not mean blindly accepting them, nor does it mean forcing change. Instead, it calls for thoughtful engagement and a willingness to learn, even in moments of discomfort.

La pregunta sigue siendo: ¿qué debemos aceptar y qué debemos cuestionar? Si nunca cuestionamos las tradiciones, el cambio social se estanca. Sin embargo, abordar estos temas solo desde una perspectiva feminista occidental puede implicar imponer nuestros valores a culturas que han resistido durante mucho tiempo la influencia externa. Los Kogui, por ejemplo, han pasado décadas protegiendo su forma de vida de estas presiones.

Esta reflexión está profundamente ligada a una historia más amplia de dominación cultural e influencia colonial, una historia que ha moldeado a América Latina y gran parte del mundo. Como alguien de los Países Bajos, un país con su propio pasado colonial, no puedo desvincularme de este legado. Las consecuencias del colonialismo no son abstractas; persisten en las desigualdades económicas, las disputas por la tierra y la marginación de las voces indígenas. Reconocer esta historia implica cuestionar nuestro propio papel dentro de ella, al mismo tiempo que respetamos la autonomía de las culturas que han luchado por preservar su forma de vida.

Navegar este equilibrio es un proceso continuo que requiere sensibilidad, respeto y autorreflexión. Comprender las diferencias culturales no significa aceptarlas ciegamente ni forzar el cambio. Más bien, implica un compromiso reflexivo y la disposición de aprender, incluso en momentos de incomodidad.

Conclusion

As the modern world continues to encroach on spaces like Tayrona, the Kogui stand as a living testament to an alternative way of being—one that challenges our assumptions about progress, connection, and sustainability. If we choose to engage with them, we must do so on their terms, respecting their silence as much as their words, their rituals as much as their explanations, and their sacred land as something far more than a tourist attraction.

Personal note:

As I write this, I’ve been in Colombia for five months, and I am incredibly grateful for the warm, loving, and caring people I’ve met along the way. Colombia has truly captured my heart (again). A heartfelt thank you to everyone I’ve encountered during this journey. I’d like to give a special thanks to Melina Angel from Colombia Regenerativa for her warmth, honesty, and understanding of my struggles in collaborating across cultures, to Luis Camargo from OpEPA for making this experience possible and Carlos from Diskoncept for hosting me during my time in Taganga. An immense thank you. Lieke. 

Conclusión

A medida que el mundo moderno sigue avanzando sobre espacios como Tayrona, los Kogui se mantienen como un testimonio vivo de una forma alternativa de ser, una que desafía nuestras suposiciones sobre el progreso, la conexión y la sostenibilidad. Si decidimos involucrarnos con ellos, debemos hacerlo en sus propios términos, respetando su silencio tanto como sus palabras, sus rituales tanto como sus explicaciones, y su tierra sagrada como algo mucho más que una atracción turística.

Nota personal: 

Mientras escribo esto, llevo cinco meses en Colombia, y estoy increíblemente agradecida por las personas cálidas, amorosas y solidarias que he conocido en el camino. Colombia realmente ha capturado mi corazón. Un agradecimiento sincero a todos los que he encontrado durante este viaje. Quiero dar un agradecimiento especial a Melina Angel de Colombia Regenerativa por su calidez, honestidad y comprensión de mis dificultades al colaborar a través de culturas, y a Luis Camargo de OpEPA por hacer posible esta experiencia. Un inmenso agradecimiento. Lieke.